martes, 2 de febrero de 2016

Tlacotalpan, "tradición" salvaje y maltrato animal


La imagen es estremecedora: a un lado del cuerpo sin vida de un toro, muerto por asfixia tras ahogarse en el río Papaloapan, tres sujetos tratan de "reanimarlo" a golpes y puntapiés. El animal, como es obvio, no revivirá, pero los individuos, bajo los efectos del alcohol, vociferan y pegan manotazos al cadáver, riéndose de lo que para ellos es aparentemente gracioso.

Foto: Notiver
Es parte de la "tradición" anual de las fiestas de la Candelaria, en Tlacotalpan, Veracruz. Como parte de los festejos, los habitantes de este municipio situado en la zona centro sur del estado organizan una "pamplonada": sueltan decenas de toros por las calles y luego, aunque parezca increíble, los arrojan al río, para que batallen a su suerte y luchen por no morir ahogados. No todos lo logran.

Poco importa que la "pamplonada" ocurra a diez mil kilómetros de España, cuna de "festejos" similares que invariablemente involucran el maltrato irracional de seres vivos que no se pueden defender. El caso es divertirse, echar desmadre, aunque ello signifique perpetuar una costumbre salvaje. El asunto es muy grave, porque ocurre ni más ni menos que con la complicidad del gobierno de Veracruz. Vea usted por qué:

La tortura y asesinato de toros en Tlacotalpan ocurre no sólo con el conocimiento, sino con la anuencia del Gobierno de Veracruz, que con el pretexto de preservar la "tradición" destina recursos públicos a la organización de los festejos. Si bien durante los 9 días de las Fiestas de la Candelaria hay un sinnúmero de eventos que posicionan a esta ciudad como sede artística y cultural de importancia, todo esto se ve opacado por salvajadas como la referida. Hombres bailoteando como simios drogados mientras apalean y tiran de navajazos a los toros que, confundidos, aterrados, no aciertan a comprender por qué la turba quiere matarlos. Animales medio muertos, ahogados en su propio vómito, desangrándose por una "tradición" bestial en la que orates rabiosos aplauden y vociferan, ebrios hasta la inconsciencia.

Y el gobernador, Javier Duarte de Ochoa, escupiendo encima del Estado laico, participando en las "tradicionales mañanitas"...a la Virgen de la Candelaria, mientras a unos pasos una muchedumbre de descerebrados da rienda suelta a sus instintos asesinos, pero también cobardes, al masacarar a quienes no pueden defenderse. Quizá sea la impotencia de los tlacotalpeños que, asolados por el crimen organizado, por los Zicarios que se han adueñado de VeracruZZZZZ, desquitan su coraje con quienes no tienen una cuerno de chivo para imponer su ley. Quizá es el hartazgo de vivir perennemente extorsionados, amenazados, víctimas de secuestros, levantones, en el Estado Próspero de Javier Duarte de Ochoa, el Veracruz donde nunca pasa nada y a los veracruzanos no les queda más que quedarse callados. Sea como sea, hombres, mujeres y hasta niños (¿y luego se preguntan por qué crecen traumados y proclives a la violencia?) participan en esa orgía de sangre y salvajismo. 

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