jueves, 3 de febrero de 2011

El movimiento no debe ser trampolín de oportunistas


El sujeto que aparece en la fotografía de la parte superior es César Ulises Rivera Garza, empresario y bisoño político de la ciudad petrolera de Poza Rica, en Veracruz. Su familia es dueña de una importante cadena de farmacias, que le han redituado una posición económica desahogada, así como una relativa popularidad derivada del patrocinio que “Farmacias París” da a numerosos equipos deportivos de la ciudad. Al menos en el ámbito pozarricense, César Ulises es un personaje conocido.

Quizá por ello un buen día decidió incursionar en la política, y no le fue difícil que el PRD local lo hiciera su candidato a diputado (en Veracruz, bajo el cacicazgo nefasto de Rogelio Franco Castán, cercano a los chuchos, las candidaturas tradicionalmente se han otorgado a discreción entre puros cuates, cuando no de plano se venden al mejor postor). Fue César Ulises candidato perredista, y perdió. Lo intentó nuevamente en 2006, como abanderado de la Coalición Por el Bien de Todos. En esa campaña, el apodado “Lobo de las ofertas” hizo lo que prácticamente todos los candidatos del país: colgarse de la imagen, la popularidad y el carisma de Andrés Manuel López Obrador, en un intento por transferir el impulso ganador de éste a su candidatura (hasta al Photoshop recurrió el empresario para “retratarse” junto a AMLO). Nuevamente se quedó en la orilla.

Fueron en total tres campañas fallidas antes que al boticario “perredista” le llegara la buena: el 6 de noviembre de 2010, al cuarto intento, César Ulises rindió protesta como diputado local, después que el diputado propietario de esa curul solicitara licencia para irse al gabinete estatal. Véase en la siguiente foto la cara de “por fin” del hoy diputado Rivera Garza.



El asunto es que el anhelado hueso lo consiguió haciendo campaña como candidato a diputado suplente ¡por el PRI! Y es que, como es del dominio público en Veracruz, César Ulises andaba coqueteando con el PRD y con el PAN para ver quién lo hacía su candidato, hasta que de Xalapa le llegó la sugerencia de que aceptara ser suplente para quedarse después con el hueso, que el diputado propietario dejaría para ocupar una secretaría en la nueva administración. De esta manera, el “lobo de las ofertas” consiguió por fin entrar al presupuesto, y como Vocal de la Comisión de Salud del Congreso del Estado, entrar también a la toma de decisiones del sector donde compite la empresa familiar. El trapecismo da frutos.

Moraleja: no es éste el primero ni el único caso de políticos que mientras aspiraron a ocupar un cargo público se colgaron de la popularidad y buena imagen del Peje y se acercaron al movimiento porque pensaron que aquí estaba la papa, para después irse cuando olfatearon que otros partidos podían ofrecerles más seguridad para su futuro. Esto nos debe servir de lección para ser muy cuidadosos en elegir a quiénes les damos nuestro apoyo. Vividores y oportunistas siempre los ha habido, pero ya no deben, bajo ninguna circunstancia, tener cabida en nuestro movimiento.

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