lunes, 20 de diciembre de 2010

Una serie de eventos desafortunados

Advertencia: en este artículo se narran acontecimientos de tan terrible naturaleza, con tal crudeza de detalles y con la aparición de personajes tan siniestros, que creemos un deber moral recomendar de manera respetuosa al lector que invierta su tiempo leyendo cualquier otra cosa. Luego no digan que no se les advirtió.

Agoniza este año 2010 y se impone al menos una reflexión de lo sucedido en estas últimas semanas en nuestro país. No es mi deseo caer en el sobadísimo lugar común del “artículo de fondo” que pretenda resumir la agenda noticiosa de un año entero. A diferencia de tanto mediocre que infesta la Internet con sus “sesudas opiniones” que reflejan más ganitas que talento (saludos a #caradepañal), y de aquellos arrogantes que se sienten líderes de opinión cuando apenas en su casa los conocen (saludos a Morf0), yo no pretendo dictar línea ni pontificar sobre lo que fue o no fue noticia en este 2010 que está a punto de irse a la chingada. Daré una opinión personal y listo.

Por supuesto, si me remito al título de este post, es claro que el primer evento desafortunado en esta cadena de chingaderas que le han pasado a México, es la imposición de un enfermo mental como “presidente” de chocolate. Bastante grave era ya el deterioro de la vida pública nacional luego de 6 años de foxismo, cuando a finales de 2005 Felipe Calderón, previo ofrecimiento de nalgas a la elite política y financiera de Estados Unidos y Europa, es hecho candidato del PAN a la presidencia, robándole la elección interna a su correligionario Santiago Creel.

El segundo hecho desafortunado, aunque lo correcto sería llamarle crimen, fue la consumación del fraude electoral que sentó en la silla a un alcohólico deschavetado, que enfermó de odio ante el repudio popular y que juró “vengarse” y “darnos una lección” a quienes no votamos por él y lo consideramos (porque LO ES), un usurpador.

Pero la serie de “eventos desafortunados” a la que me refiero es mucho más reciente, apenas de esta semana que pasó y la que comienza. Hace unos días mataron a Marisela Escobedo, madre de Rubí, la chica que en 2008 fue asesinada por su pareja sentimental. A pesar de haber confesado su crimen, el homicida fue dejado en libertad por “falta de pruebas”. Lejos de fusilar a los jueces de porquería que fallaron de manera tan miserable, las “autoridades” se hicieron pendejas (algo en lo que tienen maestría nuestros insufribles políticos) y quien se dedicó a buscar justicia con sus propios recursos fue Marisela, hasta que el mismo asesino demente que mató a su hija la ultimó a ella, justo afuera del Palacio de “Gobierno” de Chihuahua. El dizque gobernador, César Duarte, apenas había balbuceado dos o tres incoherencias sobre “investigar hasta las últimas consecuencias” cuando al día siguiente un grupo armado incendió un negocio del cuñado de Marisela y asesinó a éste. Finalmente, los hijos de Marisela Escobedo recibieron amenazas de muerte ante la complacencia y pasividad del sangre de atole que dizque chambea de gobernador.

Ni de lejos se había la opinión pública recobrado del aturdimiento por estos hechos monstruosos, cuando el domingo temprano una explosión, que NADIE ha podido o querido explicar con detalle, causó decenas de muertos (algunas fuentes hablan de más de 100) en San Martín Texmelucan, Puebla. Vidas inocentes segadas por negligencias criminales e incompetencias burocráticas que, no obstante, quedarán impunes, porque así funcionan las cosas en este país que alguna vez estuvo destinado a ser grande pero que el panismo se empeña en heredarnos como un montón de escombros y mierda (el hábitat natural, por cierto, de los panistas).

Y como para el ala corriente, bárbara, violenta y criminal del PAN, el calderonismo, no existen ni las formas ni las cortesías, y nada les importa como no sean ellos mismos, la noticia del día de hoy no es ni la estupidez de un gobernador pasiv@ ni la aprehensión de los responsables del siniestro en Puebla, sino la liberación de un ex senador prepotente y perdonavidas, que estuvo secuestrado siete meses y al que personalmente creo que le hicieron falta otros siete, o setenta, o setenta veces siete meses más de cautiverio para ver si así le bajaba de yemas a su pinche posecita de encomendero gachupín. ¿Quién además de la familia de Diego, puede congratularse tan lacayunamente de su liberación, al grado de olvidar, relegar la nota de cosas realmente importantes y trágicas en este país? Claro, sólo unos lame-testículos del “gobierno”, como López Dóriga, Carlos Marín, Ciro y otros sicarios de la información; los Cazadores del Chayote Perdido.

Pinches eventos desafortunados para cierre de año, me cae. Por mí, deberían localizar, arraigar, lapidar y desollar a todos y cada uno de los jueces y juezas que dejaron libre al asesino de Rubí; aprehender, procesar y enviar a las Islas Marías a los funcionarios de Pemex y del gobierno de Puebla responsables de la tragedia (de paso, que se lleven a Mario Marín); y organizar entre todos los mexicanos una vaquita, para pedirle de favor a los Misteriosos Desaparecedores que se lleven de nuevo al “jefe” Diego, que le den una rasuradita, que lo expulguen (hasta garrapatas ha de traer en esa barba de Sancho Clós), que lo ablanden tantito más, y que ya por ahí de mayo o junio DE 2012, lo suelten. Si lo aguantan hasta entonces.

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