martes, 19 de enero de 2010

A Haití revuelto, ganancia de los halcones

Como una más de las secuelas del terremoto que el pasado martes sacudió la isla caribeña de Haití, el caos que vive ahora ese país amenaza con desembocar en una catástrofe social, económica y política de magnitudes inimaginables. No sólo se vinieron abajo con el sismo el 85% de las construcciones de la capital, Puerto Príncipe; también se derrumbaron la precaria economía haitiana, el endeble estado de derecho, la frágil gobernabilidad y la moral y esperanza de un pueblo hoy en día sin opción de futuro.

Las pavorosas escenas transmitidas por la televisión, de turbas enardecidas asaltando las ruinas de casas y comercios en busca de alimentos, el vandalismo y rapiña que se han desatado ante unas fuerzas del orden incapaces de garantizar la seguridad, nos remiten a los peores momentos de la historia, en donde las revueltas sociales que han ocurrido en diferentes países del mundo han trastocado severamente la vida de millones de seres humanos. Como toque macabro, resulta que si bien la ayuda internacional ha fluido de manera muy significativa hacia la isla, resulta imposible distribuirla por no existir condiciones ni de infraestructura ni de seguridad para hacerla llegar a quienes la necesitan urgentemente. Cientos de toneladas de víveres, medicamentos, ropa y demás artículos de primerísima necesidad en esta catástrofe, se apilan en el aeropuerto de Puerto Príncipe a la espera de ser repartidos a la población, que desesperada, saquea lo que puede en busca de la sobrevivencia.

Ante este escenario de película de horror, hay quienes han sabido sacar provecho y, escudándose en falsas poses humanitarias y de solidaridad, lucran política y económicamente con la tragedia haitiana, utilizando a este país y a su devastada población como trampolines de sus intereses globales. Me refiero, por supuesto, a Estados Unidos, quien en su renovado papel de "policía del mundo" de inmediato envió 12 mil soldados a Haití, supuestamente para "garantizar la seguridad" de la población, en una jugada estratégica que recuerda, toda proporción guardada, a las invasiones de Granada y Panamá, entre otras que el gigante norteamericano ha llevado a cabo contra naciones de nuestro continente. De la noche a la mañana, enarbolando el estandarte de la solidaridad internacional, el gobierno norteamericano se hace con el control entero de la isla caribeña, ahora convertida en estratégica base militar cuya cercanía con Cuba mueve a la suspicacia y nos hace abrigar inquietantes temores.

Los verdaderos ganadores de la tragedia del sismo en Haití son, hasta el momento, los halcones del complejo militar y político estadunidense, del cual el presidente Obama parece ser cada vez más un rehén, entrampado en las contradicciones de un gobierno que generó expectativas muy altas entre la población y que hoy ve caer su popularidad y enfrenta un desencanto generalizado entre quienes lo eligieron. Veremos si la actual situación en Haití y el papel del gobierno norteamericano en la misma revelan un verdadero cambio en la política exterior de Estados Unidos, o si asistimos a la continuidad, con máscara amable, de un imperialismo exacerbado como el que marcó a la oscura noche estadunidense bajo George W. Bush.

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