lunes, 29 de junio de 2009

Ensenada




Tuve oportunidad de conocer esta bella ciudad en febrero del año pasado. No sé si alguien lo recuerda: el 5 de febrero, que en México es día feriado, "cayó" en martes, por lo que el tradicional y mexicanísimo "puente" obligaba al descanso y la pachanga desde el viernes 1 de febrero y hasta el martes 5, para retornar a las labores el miércoles 6.



Gracias a eso pude ir a Ensenada, porque quienes hayan viajado hasta aquella parte de México estarán de acuerdo conmigo en que un viajecito a Tijuana (el aeropuerto más cercano) ida y vuelta, aun yendo en avión, no costea hacerlo en el apretado espacio de un fin de semana normal.

Mi salida fue el viernes por la noche en un vuelo de Aviacsa, cuando esta aerolínea todavía no enfrentaba la persecución y hostigamiento que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, quién sabe por cuenta de quién, ha emprendido contra la empresa. Bueno, de entrada el vuelo salió con un retraso bastante considerable, con decirles que mi salida estaba programada a las 9 pm y el avión vino despegando como a las 10 (hora del centro de México).

Luego de 4 largas horas de vuelo, en las que aproveché para echarme un sueñito y "cenar", si tal puede llamarse a lo que uno hace en un avión con la "comida" que sirven, llegué al aeropuerto de Tijuana a las 12 de la noche, hora local (en Baja California llevan dos horas de retraso con respecto al centro del país). Paréntesis: no es automático para alguien que nunca ha pisado esas latitudes acostumbrarse al cambio de horario; si bien son únicamente dos horas, se resienten sobre todo los primeros días en la mañana. Más si eres un perezoso para levantarte temprano, como parece ser mi caso. En fin).

Algo tengo que reclamarle a los servicios turísticos bajacalifornianos: siendo Ensenada una ciudad con una fuerte actividad turística, y Tijuana una metrópoli vibrante que "no duerme" y en donde encuentras "de todo", apenas puedo creer que el servicio de transporte entre una y otra se suspenda desde temprana hora, y no haya más opción para trasladarte que un taxi del aeropuerto (a precios escandalosamente prohibitivos) o bien, tener que pedirle de favor a algún amigo que te recoja en la terminal aérea y te lleve hasta Ensenada, a una hora de trayecto. Mal por las empresas de transporte de pasajeros, que desde las 9pm suspenden las corridas entre Tijuas y el puerto.

Cuando por fin llegué a Ensenada, y luego de instalarme en el Hotel Cortez y descansar del agotador viajecito, lo primero que aprendí es que en invierno la temperatura ambiente no es apta para gente de clima caluroso como yo. Los 5 grados que había a las 8 de la mañana del sábado me obligaron a ponerme suéter, chamarra, bufanda, guantes, y toda prenda que pudiera calentarme. Se comprenderá que durante esa primera mañana no haya hecho mucho más que recorrer los alrededores del hotel, admirando el estilo agringado que los ensenadenses le imprimen a los locales comerciales y negocios de la avenida principal de esta ciudad, al menos la principal en cuanto a la actividad turística. Cafés, restaurantes, hoteles, y más farmacias de las que pueda uno creíblemente imaginar en cualquier ciudad: después me enteraría que esto es porque los turistas que arriban en los cruceros pueden aquí comprar todo tipo de medicamentos que en su país de origen no conseguirían a menos que muestren una receta médica. ¿Cuántas cajas de Viagra o de Cialis venderán las farmacias de Ensenada? ¿Cuántas de Prozac o de Ritalin?

En los días que estuve allá me tocó el Carnaval. Debo confesar que siendo veracruzano jamás he presenciado el carnaval del puerto jarocho, por lo que no tengo punto de comparación y hablaría sin fundamentos si califico al de Ensenada como bueno o malo. De entrada no creo equivocarme si digo que el carnaval de esta ciudad bajacaliforniana es por completo diferente al de mi tierra, así que así lo dejaré. No recuerdo ni siquiera quién fue la reina del carnaval de 2008, pero creo que era una actricita de Televisa.

Bueno, al grano. Puntos que no se pueden perdonar en una visita a Ensenada: los cocteles de mariscos que venden en carritos ambulantes. En particular recomiendo los de "La Güera" cuyas tostadas de erizo, cocteles de camarón, empanadas de pescado, etc. es lo mejor que he probado en cuanto a frescura y sabor. Se ubica a unas cuadras del Hotel Cortez y como dato curioso menciono que, platicando con la Güera, me enteré que estudió Biología Marina y que incluso el Conacyt le ofreció una beca para estudiar un posgrado en el DF, que ella no aceptó porque no quiso irse lejos de su amada ciudad. Bueno, supongo que eso es algo que los ensenadenses le agradecen porque siguen disfrutando de sus mariscos.

Otra actividad interesante es visitar La Bufadora, que es el segundo géiser marino más grande del mundo, después del de Hawaii. Este sitio turístico se encuentra a 36 kilómetros de Ensenada, y como atractivo adicional, la carretera panorámica para llegar ahí ofrece una apabullante y preciosa vista de la bahía de Ensenada, que vale la pena no perderse. Por cierto, en La Bufadora se comen exquisitas almejas en su concha. ¿Han notado que durante todo mi viaje me la pasé come y come? Bueno, con la exquisita gastronomía ensenadense no era para menos, ¿no?

El viaje de regreso al DF estuvo mortalmente agotador, porque se me ocurrió "ahorrar" y tomar un vuelo de la extinta Aerocalifornia con más escalas que las que hace un Estrella Blanca de México a Guadalajara. Fíjense: el avión salió de Tijuana a las 2 de la tarde (hora local); para ello tuve que estar en el aeropuerto desde las 12, por lo tanto salí de Ensenada a las 10:00am. Ya desde ahí iba de mal humor porque para poder salir a esa hora de la centralita de autobuses, tuve que levantarme a las 8, y ya he explicado que si algo me saca de mis casillas es levantarme temprano, pero bueno.

Al abordar el avión lo primero que hice fue disponerme a descansar un rato, lo que no pude hacer como quería porque a la hora y cuarto de vuelo el avión hizo escala en Ciudad Obregón (nunca bajé de la aeronave asi que no conocí la ciudad); luego de 45 minutos volvimos a despegar pero a la hora y media bajamos en Guadalajara; y por fin!!! a las 9 de la noche (hora del DF) aterricé en la capital. Un viajecito de 5 horas efectivas pero que con el cambio de horario resultó psicológicamente más agotador...pero bueno, ¿qué esperaba por novecientos pesos, impuestos incluidos?

Perdón por la sintaxis atropellada del relato de viaje. Espero pulir la redacción para este tipo de posts.

Reacciones:

1 comentarios:

Constantemente trato de viajar a distintas ciudades de todos lado y me fascina mucho el hecho de viajar a diversos lugares que aun no conozco. Por eso cuando encuentro en internet promociones vuelos para un determinado sitio me gusta tener la posibilidad de hacerme acreedora de ello.