jueves, 17 de abril de 2014

Tres estampas de García Márquez, según Julio Scherer - #GraciasGabo #AdiósGabo

Con la partida del escritor colombiano Gabriel García Márquez, ocurrida a sus ochenta años, comienzan a proliferar en toda la red las "remembranzas", "anécdotas", biografías oficiales y extraoficiales, artículos de opinión y en general una serie de textos cuya única función es aprovechar el rating generado por la muerte del escritor, para incrementar los clics y con ello el tráfico de lectores hacia los sitios web que los publican.

En Blog RL creemos que es de mal gusto publicar una nota necrológica más para agregarla a las pinchemil chingocientas que ya todo mundo se encargó de redactar, así que en lugar de eso aquí te presentamos fragmentos del libro Estos años, del periodista mexicano y director del semanario Proceso, Julio Scherer García, en donde habla de García Márquez desde la amistad que los unió durante décadas.

1. "Senos atónitos"

Scherer García relata en su libro la honda impresión que le produjo la lectura de El amor en los tiempos del cólera, en especial de un adjetivo maravilloso con el que García Márquez describe los atributos de la mulata de dicha novela:

Llegué al punto final del libro y sin respiro reinicié su lectura. La mulata de El amor en los tiempos del cólera, hecha de fuego y luz, me había exaltado, como toda la obra. Sentía su carne en mi carne y frotaba con los ojos sus senos prodigiosos. "Senos atónitos", había escrito Gabriel García Márquez, senos ajenos al jaleo que provocaban, violentamente tiernos. 

Cuenta Scherer que en ese momento quiso hablar con Gabo, expresarle telefónicamente su emoción tras haber leído el libro. De visita en Cuba con su amigo Fidel Castro, allá lo buscó Scherer, y quien tomó la llamada fue su hijo Rodrigo:

-¿Y tu padre?
-Está en el campo.
-¿Hay manera de localizarlo?
-No por ahora.
-Entonces, hazme un favor. Toma papel y lápiz.

Le dicté de prisa, la admiración sin atenuantes:
"Gabriel: leí tu libro y al terminar de leerlo lo volví a leer y al terminar de leerlo sólo puedo decirte: Gabriel, cuánto te quiero".

Al regresar el escritor a México, buscó a Scherer y, jugando, le pidió: "quiero que me cuentes mi libro". El periodista le expresó:

...los senos de la mulata, los senos atónitos, atónito me dejaron. ¿De dónde, Gabriel, nace el calificativo, insólito y perfecto?

García Márquez, tras expresarle su asombro, explicó: estando el manuscrito ya en galeras (en la primera versión tipográfica que la editorial pone a disposición del autor para su revisión), el adjetivo le brincó a los ojos. Ahí estaba, solitario y perfecto, magnífico. García Márquez también se había quedado subyugado por los senos atónitos, igual que Scherer:

El adjetivo brillaba como ningún otro. García Márquez dio otra pasada al manuscrito para cerciorarse que aparecería una sola vez en la obra.



2. Una dedicatoria triste

Cuenta Scherer en Estos años los últimos momentos de la vida de su mujer, Susana. Compañera de sus batallas y madre de sus nueve hijos, su esposa sucumbió a un cáncer devastador. Estando en cama, en etapa terminal, desesperado por el dolor, Scherer pide al médico de la familia que firme anticipadamente el acta de defunción. El galeno se niega: la paciente aún vive, hacerlo sería cometer un delito. Scherer insiste:

-Quiero violentar los trámites de la funeraria y sepultarla cuanto antes -le dije.

Al fin, el médico accede y entrega a Scherer el documento. Éste, emocionado, quiere hacer patente su agradecimiento al doctor, y para ello busca un cuadro en las paredes, sin decidirse por alguno. Al fin elige "sin esfuerzo" un libro, y al tiempo que lo entrega al facultativo, le dice:

-Este General en su laberinto es único, sin pareja en el mundo.

Y le mostré la dedicatoria de su autor a Susana:
"...Esto fue lo que salió, lento y triste, pero con mucho cariño."



3. "Te cagaste en mi cena"

Amigo personal de Fidel Castro, también cultivaba Gabo una relación cordial con Carlos Salinas de Gortari, en aquel entonces presidente de México. Cercano al poder, pero ajeno a la política, disfrutaba de atenciones desde la casa presidencial sin por ello comprometer su libertad. Scherer cuenta en su libro cómo en una ocasión recibió una invitación desde Los Pinos para asistir a una cena en casa del escritor, ni más ni menos que en Cartagena:

-Jefe -me anunció una noche-, el licenciado Salinas lo invita a una cena en la casa de Gabriel García Márquez, este sábado.
-¿Qué me dice?
-Necesito sus documentos para tramitar su visa en la embajada de Colombia.
-¿El sábado, dice?
-Sí, el que viene.

Scherer, viejo lobo de mar, asombrado pero sin perder la compostura pregunta, suspicaz, si habrá otros invitados. Sí, le responden. Beatriz Pagés (de la revista Siempre) y Jacobo Zabludovsky. Es este último cuya presencia en la misma cena resulta intolerable para Scherer; al día siguiente declina la invitación. Comete un desaire al presidente y a García Márquez, le advierten. No hay desaire alguno, revira Scherer: Salinas conoce su opinión sobre Zabludovsky, cercano al poder y a la adulación. Remata:

Tomada la decisión, no tuve duda: el periodista Zabludovsky me hace falta como punto de referencia: vive la vida que desprecio.
Tiempo después, Gabriel García Márquez se presentó un día en Proceso, como acostumbraba hacerlo de vez en vez para conversar durante un par de horas con Scherer. En una de esas visitas el director del semanario explicó los motivos por los que se había abstenido de ir a la cena en Colombia. Gabo escuchó atento, y se mostró comprensivo: ahora entiendo, dijo.  Y señala cómo el escritor aceptó de buen grado las explicaciones de su amigo:

El buen humor en los ojos, escuché a García Márquez de cuerpo entero:
-Te cagaste en mi cena.

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El libro Estos años, escrito por Julio Scherer, es una publicación de editorial Océano, incluida en la colección Con una cierta mirada.


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