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viernes, 25 de julio de 2014

Carlos Marín despide a conductora de Milenio TV

La periodista y conductora de Milenio Televisión, Yuli García, fue despedida de ese medio de comunicación por "diferencias" editoriales con Carlos Marín, director del canal. Al parecer, las razones habrían incluido un presunto "sesgo" informativo al dar cobertura en su noticiero a legisladores del PRD y a padres de la guardería ABC.

Además, a Yuli García le habrían pedido "una nota diaria sobre Peña Nieto", a lo que ella se habría negado. Y ¿quién puede culparla? ¿Qué relevante puede tener ese TÍTERE de las transnacionales como para que la periodista le dedique una nota diaria -alabándole- en su programa?

Fue el periodista Jenaro Villamil en su blog Homozapping quien dio a conocer lo anterior, citando a fuentes internas de la televisora:

Versiones internas de la televisora, señalaron que las diferencias entre Yuli García y la dirección editorial del grupo mediático se agudizaron a raíz de su cobertura informativa sobre el conflicto en Michoacán, de sus entrevistas con los padres de las víctimas de la guardería ABC y de su presunto sesgo al dar más cobertura a los legisladores del PRD

Con este despido, Carlos Marín refrenda su condición de patiño "informativo" al servicio del PRI y del gobierno de Peña Nieto.


jueves, 19 de mayo de 2011

El NAZIonal: La telenovela de García en La Luna



El peso de los désos re-oprimidos


La telenovela de García en La Luna


Por: Alvaro Güeva

ColuCnista invitado


Si usted, amable lector, ha visto televisión en estos días, seguramente ya notó o ya le comentaron sobre la nueva telenovela de Telerrisa, El Equipo. ¡Qué super producción se aventaron los creativos de la televisora de San Angel! Qué argumento, qué trama, qué elenco, qué efectos especiales y, en resumen, qué hitazo tienen en su programación los muchachos de Emilitititito Azcágala. No, y ni le platico de los patrocinadores, puro peso pesado de la industria y la empresa, verdaderos ganadores que ya comprendieron que lo de hoy es apostarle a series tipo documentales del Discovery Channel o del History.

Le confieso que yo tenía muchos deseos de ver cómo habían llevado a la pantalla chica las peripecias de nuestras gloriosas y muy dignas fuerzas del orden; pensé que sería algo tipo CSI Las Vegas, una serie de acción como aquella memorable Con Temple de Acero, o ya de perdido un remake de La Reportera del Crimen. Pero lo que vi sobrepasó mis expectativas: El Equipo presenta la verdadera historia, la realidad, del combate al crimen organizado en México.

¿Cómo puede haber gente que se atreva a estar en contra de los operativos que nuestra Muy Noble, Leal y Patriótica Policía Federal lleva a cabo por todo el país para protegernos? ¿En qué cabeza cabe oponerse a que nos protejan como ellos hacen? Se necesita ser muy necio para oponerse a la instalación de retenes en las carreteras, sobre todo si, como vemos en El Equipo, quienes solicitan revisar nuestro vehículo son policías rudos, chacalones tipo Luis Felipe Tovar, varoniles, pero tan decentes, tan comedidos, tan apegados a derecho, tan rectos ellos. Así, que me revisen todo, que me chequen hasta el aceite. ¿A quién sino a los malos y a sus cómplices podrían molestarles estas revisiones?

Y luego los cateos. ¡Qué ejemplar demostración de apego a la legalidad y respeto a los derechos humanos! ¡Qué orden, qué pulcritud, ya quisieran los gringos con su FBI el profesionalismo y el tacto de nuestros agentes de la AFI! O dígame, amigo lector, ¿qué pero le pondría usted a un papirriqui como Jorge Salinas que le pidiera guardar silencio y poner las manos en alto? ¿Y si lo que le pide que ponga en alto no son las manos, sino las piernas? ¿No las levantaría hasta los hombros (de él)? Por eso digo que El Equipo es la mejor telenovela del consorcio de Azcágala en años. No se la pierda, porque todavía dará mucho de qué hablar. Me informan que mi ge-ge-ge-neral (bueno, no es general, pero sí tartamudo) GeNarco García en la Luna está contemplado para hacer una aparición especial, donde mostrará sus dotes de actor. Será el acontecimiento del año, y me atrevo muy humildemente a nominarlo desde ahorita para el premio “Revelación del año” en la entrega de los premios TV y Novelas. El licenciado GeNarco es el Elliot Ness de nuestros tiempos, el J. Edgar Hoover mexicano, y en esta telenovela se demuestra que su único interés es México, y su única ambición es ayudar a preservar la paz en nuestro país. ¡Dios bendiga a El Equipo que de eso se encarga!

Alvaro Güeva es columnista de Mi Leño.

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jueves, 10 de febrero de 2011

El miércoles negro de Ciro Gómez Leyva

Son contadas las ocasiones en que veo televisión. No obstante, anoche no quise perderme Tercer Grado, el programa de “debate” de Televisa que reúne a la crema y nata de sus conductores de noticieros, más uno que otro colado como Carlos Marín, porque habían anunciado que tocarían el tema del momento: el despido de Carmen Aristegui de MVS.

Tercer Grado es un programa que parece inspirado en la televisión soviética, o en la Mesa Redonda Informativa de la televisión cubana. Los panelistas muestran una uniformidad de criterio vergonzosa, sólo alterada por ver quién le tira más flores al régimen (del cual, por supuesto, Televisa forma parte), o más mierda a los opositores al mismo, señaladamente Andrés Manuel López Obrador, a quien invariablemente mencionan en cada emisión del programa.

Anoche todos los panelistas criticaron en mayor o menor medida a la propia Carmen Aristegui, pero hubo uno de ellos, desbordado, fuera de sí, que arremetió contra la periodista en una embestida patética por inútil, y que terminó siendo una pataleta infantil a nivel nacional.

Ciro Gómez Leyva, en 15 minutos, despotricó contra “Carmen y su séquito”, puso en duda la calidad del periodismo que realiza, reclamó su falta de solidaridad con el asunto del Canal 40, la acusó de creerse “la única periodista perseguida en este país”, y la tildó de “periodista de octava”. Nada más le faltó escupir su foto. El Ciro que vimos anoche era un hombre desencajado, la mirada turbia, el rostro congestionado. Era evidente que una vena le saltaba en la sien, sus fosas nasales dilatadas daban cuenta de su respiración agitada y parecía que en cualquier momento se echaría a llorar.

Ver a Ciro Gómez Leyva perder la compostura, desfondarse a nivel nacional injuriando a una colega y mostrándonos lo peor de sí mismo, me recordó aquella tarde del año 2000, cuando los 3 candidatos punteros a la presidencia de la república se reunieron en casa de Cuauhtémoc Cárdenas, abanderado del PRD, para afinar los detalles del segundo debate televisado de la campaña. Esa tarde vimos a un Vicente Fox autoritario, inflexible, empecinado en el hoy, hoy, hoy, con la mirada extraviada y un rictus de impotencia que lo desnudaron como una persona con serios problemas de carácter. Sólo los buenos publicistas y asesores de la campaña foxista lograron darle la vuelta al Waterloo del candidato para convertirlo en un lema popular que “prendió” entre los votantes hasta llevarlo a la victoria.

Con todo y su tarde negra, Vicente Fox llegó a la presidencia de la república. Ciro Gómez Leyva, en cambio, ya no puede ir a ningún lado. Su sueño de convertirse en un periodista respetado, admirado por propios y extraños, se esfumó cuando el Canal 40 se fue a la mierda. El proyecto profesional de su vida naufragó y con él se hundieron los sueños de posteridad de Ciro; terminó prostituyéndose con Televisa y Milenio, que a cambio de sus convicciones le dieron seguridad económica y popularidad, en un cambalache vergonzoso. Lo que vimos ayer es el conflicto interno de Ciro expuesto a la luz, sus demonios personales que lo atormentan, lo persiguen, no lo dejan tranquilo. Gómez Leyva contra la caricatura de sí mismo, en que se convirtió cuando se vendió al poder.

Miércoles negro de Ciro Gómez Leyva, noche de pesadilla para el otrora respetado periodista. Y divertida comedia, película palomera, para quienes fuimos testigos de su derrumbe profesional y emocional en la pantalla chica. Y no me vengan con el cuento de la solidaridad (ja!)

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miércoles, 23 de junio de 2010

Carlos Marín: el error garrafal de "matar al mensajero"

Por si alguien pensaba que ya lo habíamos visto y oído todo en cuestión de escándalos políticos, la difusión de las más recientes grabaciones telefónicas en donde se involucra al gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, nos confirman que para la clase política mexicana los límites tradicionalmente marcados por la ética y el pudor no son más que desafíos siempre superables con un poquito de voluntad y mucho de cinismo.

El lunes muy temprano nos despertamos con la revelación de una conversación telefónica entre Ulises Ruiz y un interlocutor de cuyo nombre ni me acuerdo, pero que da igual si fue su secretario de Gobierno, un miembro de la campaña priísta o un consejero del instituto electoral oxaqueño: para términos prácticos, es un gato del góber. En esa conversación supuestamente privada, que ciseñeras mañas nos han permitido conocer a los simples mortales, Ulises Carnicero Ruiz se queja amargamente de que en Milenio Televisión se estuviera entrevistando al candidato aliancista Gabino Cué, porque, alega: "ahí (en Milenio) debíamos tener protección"; y finalmente instruye a su empleado con un "hay que arreglar a Marín" (Carlos, el director del periódico).

Esta grabación se dio a conocer en el noticiero de MVS conducido por Carmen Aristegui. Graves sin duda los señalamientos hechos ni más ni menos que por el gobernador oaxaqueño en contra de Marín, pero ¿cuál fue la respuesta de éste, y de otros destacados columnistas del periódico que dirige?

Cualquiera con dos dedos de frente supondría que ante la acusación directa, Marín y anexas se ocuparían en demostrar la falsedad de los señalamientos de tener "convenios" con el gobierno de Oaxaca para "bloquear" a Gabino Cué, candidato opositor. Si tales convenios no existen, lo que Marín estaba obligado a hacer era señalar a Ruiz como un calumniador, y dar la pelea para salvar su ética periodística en entredicho. Pero no fue esa la respuesta del director de Milenio.

Marín, secundado por Ciro Gómez, prefirió irse a la yugular no de Ulises Ruiz sino ¡de Carmen Aristegui!, a quien desde el día de ayer no han dejado de denostar arguyendo una supuesta guerra sucia y prácticamente alegando que entre gitanos no nos leemos la mano. Ciro de plano es tan cínico que reclama a los que nos quejamos de la guerra sucia en 2006 que ahora "hagamos lo mismo". Se le olvida a este despreciable converso al chayote que: 1) él siempre negó que hubiera habido guerra sucia en 2006, negándose a ver lo que todos vimos; 2) quienes hicieron la guerra sucia fueron los mismos a quienes él hasta la fecha defiende a capa y espada; 3) las grabaciones que revelan acuerdos en lo oscurito entre el gobierno de Oaxaca y Milenio no son guerra sucia. Son, simplemente, la evidencia tangible de lo que muchos han señalado desde semanas atrás, cuando todas las encuestas serias dan a Gabino Cué ventaja en la elección oaxaqueña y sólo Milenio, Liébano Sáenz y Federico Berrueto dan como ganador al PRI, en lo que tiene toda la facha de ser una encuesta a modo.

Hoy Carlos Marín fue incluso aún más lejos, al amagar con una demanda judicial ni más ni menos que a Lorenzo Meyer, por haberse atrevido a comentar estas grabaciones en el mismo espacio noticioso de Carmen Aristegui. En un texto farragoso pletórico de descalificaciones y de un histerismo patético, Marín pone en duda el prestigio de historiador de Meyer, su honestidad intelectual, su trayectoria y hasta los premios que ha recibido (bien dicen que entre más pequeños los hombres, más estrecha la rendija por donde se cuela la envidia). Pero de las grabaciones telefónicas donde se le acusa de manera directa, ni pío. ¿No debería centrar Marín su defensa en las mismas, en vez de concentrar su ataque en quienes las dieron a conocer y comentaron?

Refieren algunos que en la antigüedad, los sultanes turcos mandaban matar a los mensajeros que llegaban del frente de batalla con malas noticias. Sea cierta la leyenda o no, de ahí deriva una frase vigente hasta nuestros días: "matar al mensajero" significa atacar al portador de noticias desagradables o inconvenientes para quien las recibe, en vez de concentrarse en el contenido mismo de tales noticias. Marín ha optado, por comodidad, ignorancia, cinismo o de plano porque no hay borracho que coma lumbre, por matar al mensajero (Aristegui y Meyer) en vez de aclarar, de frente a la sociedad, las grabaciones que lo incriminan en el enjuague electoral oaxaqueño. Al hacerlo, comete un error garrafal: el del escuincle malcriado que, creyéndose muy "sácalepunta" se pone a escupir al cielo. Empapado en su propia saliva, insiste en gritar "¡al ladrón!" esperando que alguien le crea el papel de víctima.


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sábado, 19 de julio de 2008

El bufón desechable

En "El humillante silencio de los periodistas" llamé a Carlos Marín, director de Milenio Diario, "bufón". Quiero ofrecer una sincera disculpa, no era así como quería llamarlo.

Lo correcto es: bufón patético.

En efecto, Marín, a quien cualquiera con estómago a prueba de todo puede ver "debatir" todos los miércoles en ese programa modelo de televisión soviética llamado Tercer Grado, parece haberse propuesto como misión en la vida dejar claro ante el mundo que se puede pasar de ser un periodista medianamente competente, a un payasito de la tele cuya rutina más "exitosa" es manotear como desesperado mientras suda y bufa tratando de convencer al auditorio de que el movimiento obradorista "está desfondado" y "ya no existe".

Da risa el buen Carlitos, dando su luchita personal contra sus molinos de viento, el movimiento nacional democrático que ya es imparable y que él se empeña en minimizar. "Ni los veo ni los oigo", como dijera años atrás su tocayo, otro chaparro, otro Carlos: Salinas de Gortari. Ni hablar, Dios los bautiza y ellos se juntan.

A lo mejor el resentimiento que Carlos Marín le tiene no sólo a AMLO y al movimiento, sino a la vida, es por el hecho de que, cuando decidió tirar por la borda la credibilidad y el prestigio que Milenio Diario había construido a lo largo de varios años, y mejor se entregó a las mieles del chayote, sus ventas se vinieron abajo. A grado tal que ahora el periodiquito (ya no es grande) de Marín lo regalan en los autobuses ADO. Y a veces ni ahí lo quieren los pasajeros, que mejor prefieren jetearse un rato en su viaje que marearse leyendo basura.

Triste fin para el otrora periódico referente nacional, aquel que destapó el toallagate y que tuvo otros momentos luminosos para el periodismo mexicano...