miércoles, 10 de febrero de 2010

Felipe Calderón, enfermo de odio

El día de ayer, por medio de Twitter, me enteré de la publicación de un magnífico texto de Pedro Miguel, columnista de La Jornada.

En su blog (http://navegaciones.blogspot.com/), Pedro Miguel advierte a los habitantes de la Ciudad de México que Calderón "Nos detesta", y enumera toda una serie de hechos que dan cuenta de la mala fe, del odio, que el usurpador le tiene a los capitalinos, quienes en su mayoría lo repudian.

Desde el delirio de un José Luis Luege, que culpa al gobierno del DF de todas las catástrofes naturales que ocurren, hasta la violencia de un porro madreador como Javier Lozano, que manda a la calle a 44 mil trabajadores y sabotea el servicio de energía eléctrica en la ciudad, el plan calderonista para colapsar a la capital de la república avanza, por lo que, advierte Pedro Miguel, es necesario que sean las propias autoridades del Distrito Federal las que se pongan las pilas y tomen las medidas pertinentes para garantizar la viabilidad de la metrópoli, aun contra los planes de la camarilla de terroristas en el poder.

Precisamente para abundar más sobre este odio patológico que Felipe Calderón le tiene a los habitantes de la capital mexicana, Brújula Metropolitana está invitando hoy a la charla: "El DF en emergencia. La ofensiva de Calderón contra los capitalinos". Será impartida por el propio Pedro Miguel, en el edificio "Mercurio". Alvaro Obregón 240, Col. Roma, a unos pasos de Insurgentes y del metrobús Alvaro Obregón.

Será sin duda una charla interesante. ¡Allá nos vemos!

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A propósito de este texto de Pedro Miguel, hace ya algunos meses escribí un artículo titulado "Enfermo de odio", que transcribo a continuación. Desde octubre del año pasado era evidente que Calderón está consumido y dominado por ese sentimiento de odio que cada vez le cuesta más trabajo disimular:


Enfermo de odio

Finalmente, sucedió. El cerebro de Felipe Calderón Hinojosa, que evidentemente usa muy poco (mucho menos que su hígado, aunque ambos órganos estén muy bien conservados en alcohol), hizo cortocircuito. Se le cruzaron los cables al desquiciado que ilegítimamente ocupa la presidencia, cargo desde el que cumple dos tareas: la de servir de rodillas a los potentados que lo impusieron en el cargo, y la de sacar adelante su agenda personal de resentimiento contra sus adversarios, a quienes él, Calderón, ve como enemigos a los que es preciso aniquilar.

De por sí es altamente pernicioso para el país que tengamos al frente del Ejecutivo a un monigote que, cual muñeco de ventrilocuo, actúa al gusto de quienes le meten los dedos por abajo para hacerlo hablar al son que le tocan. Nada bueno puede esperarse si el que ejerce el máximo cargo público de este país es un vulgar gerente al servicio de la elite industrial, económica y financiera. Pero aun más dañino, y mucho más peligroso, es que el empleado que se consiguieron para lustrarles el calzado sea un transtornado mental que al flagelo de su presunto alcoholismo suma el desequilibrio emocional, manifestado en su vertiente más ominosa: el odio.

Felipe Calderón Hinojosa está enfermo de odio. Odia a sus adversarios políticos, por eso los persigue con todo el poder del Estado. Odia la crítica, por eso la silencia apoyado por los delincuentes electorales y vulgares pícaros que despachan en las televisoras y los diarios a su servicio. Desprecia, porque la odia, la legalidad vigente; por eso la torpedea desde las trincheras de porros madreadores como Javier Lozano, a quien desde ya concibe como su sucesor, que habrá de imponer por la fuerza si es necesario. Atraca en despoblado y despoja de sus prestaciones, porque los odia, a los trabajadores de este país, a quienes este Santa Anna de petatiux está obsesionado en recetarles el 2% de impuesto a todo. Odia, con todo el veneno de su mente enferma, a quienes se atreven a contradecirlo, a pensar diferente, a denunciar sus acciones disparatadas y criminales, a oponerse al absurdo que él mismo representa usurpando un cargo para el que no fue electo.

Por encima de todo, Felipe Calderón odia a México. Sólo a través del odio, del odio visceral, se explica que haya sido capaz de inocular el veneno de la confrontación, el encono social, el enfrentamiento entre connacionales. Porque nos odia, a todos los mexicanos, Calderón fue capaz de fabricar el virus del “peligro para México”; de alentar la polarización y la “balcanización” de este país; de tender sobre la patria el negro manto de la discordia.

Porque odia a los mexicanos, Felipe Calderón nos sumió en una espiral de violencia incontenible, al retar de manera absolutamente irresponsable y sin estrategia alguna al poder fáctico del crimen oganizado, convirtiéndonos en el país “sin guerra civil” (es un decir) más violento del planeta.

Porque odia a sus compatriotas a los que dice servir, Felipe Calderón lanza hordas de paramilitares a tomar las instalaciones de una empresa pública con lujo de violencia, porque su verdadero objetivo es dejar en la calle a 40 mil trabajadores, a los que odia porque cometieron la imperdonable osadía de no apoyarlo en su fallida campaña por la presidencia que finalmente se robó.

Porque es un enfermo terminal de odio, Felipe Calderón considera al pueblo de México poco menos que retrasado mental, por eso grotescamente utiliza una celebración futbolera para “disimular” su golpe policiaco, al mejor estilo del Maestro universal del Odio, aquel que en los años treinta fue amo y señor de Alemania y de Europa.

Porque su impulso vital es el odio, que lo domina, que lo guía, que lo carcome, Felipe Calderón acaba de destapar, como bien lo dice mi amigo Beam en su columna, la caja de Pandora de un movimiento social que ha sabido mantenerse en los cauces legales, institucionales y pacíficos que los mexicanos bien nacidos queremos, pero que él, en su odio, se empeña en dinamitar.

Porque su enfermedad de odio es tan grande, que el deseo de Felipe Calderón es que el pueblo caiga en sus provocaciones de odio, para tener el pretexto perfecto y hacer lo que hace 3 años desea: reprimir con violencia.

Los enfermos de odio casi siempre acaban obteniendo lo que en el fondo desean: reciprocidad. Lo malo es que acaban llevándose entre las patas a todo un país.

Reacciones:

1 comentarios:

Felipe Calderón Hinojosa

Presidente de México

Gerardo Ruiz Mateos

Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República

Luis Felipe Bravo Mena

Secretaría Particular

Alejandra Sota Mirafuentes

Coordinación de Comunicación Social

Distinguido Señor Presidente.
Distinguidos Funcionarios de La Presidencia:

Mi nombre es Martha Batríz López Amador. Hace 4 años que no encuentro trabajo. Estoy desesperada por que a mis 53 años ¡ ME MANTIENEN MIS HIJOS DE VEINTE!.
Por favor, les suplico que me ayuden, vengo levantándome de una condición medica que prácticamente me mantuvo postrada en cama por los pasados tres años. Llegué a creer honestamente que me íba a morir, pero sobreviví tan solo para seguir en el desempleo.
PRESTEME, prestados, Señor Presidente, unos dos mil doscientos pesos mexicanos para poderme comprar un altoparlante e ir por las calles anunciando mi producto, ya que me agota mucho, por el padecimiento que tuve, el ejercicio físico y me falta el aire para los pulmones para aventar la voz lejos. Mis compañeros de trabajo, ó todos son hombres ó son mujeres jóvenes y me ganan todos los clientes por que caminan muy rápido y yo no les puedo mantener el paso, ojala me quiera y pueda prestar el dinero y se lo iría pagando de a 100 pesos en 100 pesos hasta liquidar, ó más rápido si empiezo a vender. Gracias. Háblenme por teléfono pues mi domicilio o recibe correspondencia postal ya que toda se la roban los adictos a las drogas.
No me creen ¡pero me estoy muriendo de hambre! Y ni mi Municipio ni mi Gobierno del Estado está en condiciones de ayudarme lo cual me urge pues como diario y mis hijos también y no les puedo estar quitando su trabajo.
045 664 673 73 69.
rauljimenez45@hotmail.com.
Calle Che Guevara No. 1 Colonia Ejido Maclovio Rojas Tijuana, BC CP 22254