martes, 10 de noviembre de 2009

Justicia para unas nalgas (columna de Martín Vélez)

Este texto me llegó por correo electrónico, firmado por una persona llamada Martín Vélez. Me atrevo a reproducirlo en este blog porque me parece muy, muy bueno.

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JUSTICIA PARA UNAS NALGAS.

Para los niños, olvido.

Recientemente a una roquera famosa (¡eeey, güeeeera!) la perjudicaron en codiciada parte de su anatomía. En México, solo tres leyes se cumplen cabalmente: la Ley de Herodes, la Ley del Embudo y la Ley de Gravedad. Pues bien, esta tercera ley había cumplido sus efectos, y el prominente trasero de la cantante mencionada empezaba a mirar al suelo (¡Hacer el amor, con oootro, no, no, noooo!).

Entonces la roquera acudió a una clínica en la que le inyectaron una substancia extraña, con la promesa de que aquella parte luciría “¡eternamente bella, bella, con un hechizo de gitana!”. El resto de la historia es bastante conocido: en lugar de erguirse orgulloso, aquello tomó la forma de un paisaje lunar. Ya no solo el trasero, la vida misma de la cantante estuvo en serio peligro.

Entró en acción la justicia. Inmediatamente fue detenida la dueña de la clínica. Después de una intensa búsqueda, el doctor que practicó las inyecciones fue apresado. Luego fueron detenidos ocho empleados de la empresa productora de la substancia inyectada. El resultado del fallido levantamiento de nalgas: diez personas detenidas.

Puede hacerse ahora una amarga comparación: mientras las instituciones actúan para ofrecer justicia a dos nalgas heridas, los niños fallecidos y heridos por el incendio en la bodega ABC, sus abatidos padres, sus familias, todo Sonora entristecido, todo México consternado esperan justicia. Vale comparar los balances: por una parte dos nalgas heridas, diez reos; por la otra cuarenta y nueve niños fallecidos, una detenida (la infortunada empleada del IMSS cuya labor era revisar los menús).

Este balance pone al descubierto una característica de las instituciones mexicanas: están diseñadas para cuidar a la gente VIP (very important person). A los ojos de los gobernantes (Calderón, Bours, Padrés, Gándara) los niños fallecidos o heridos y sus familiares fueron y son mexicanos de segunda. Por ello el juez federal que atiende el caso fijó, para los dueños de la bodega-guardería, una fianza de dos mil pesos. $ 40.82 por niño. Cuarenta pesos por cada vida perdida.

Por eso Padrés se dio el lujo de ratificar a Abel Murrieta, el procurador de Bours. Por eso Calderón, en su reciente visita, ignoró a los padres de los niños fallecidos. Es que no se apellidan Gómez del Campo... ni siquiera Guzmàn.

Martín Vélez

domingo, 8 de noviembre de 2009

Se dice (periodista), pero nada más se hace (...)

Domingo por la tarde/noche. Sin nada mejor que hacer, abro en Internet la edición electrónica de Milenio. No puedo decir que sea un periódico que "nunca leo" (como dicen respecto a SDP Noticias los panistas que se la viven posteando "comentarios" y trolleando la página); al contrario: Milenio me es bastante familiar porque cada fin de semana viajo a Veracruz en ADO y ahí lo regalan. La verdad, es un buen aliviane: luego los baños del ADO no traen papel, y he comprobado que las páginas de "opinión" son excelentes para limpiarse (les recomiendo "El insulto a la razón", mejor conocido como el pachoncito).

En un primer momento respiro aliviado: al parecer los fines de semana las vacas sagradas de la opinología nacional descansan... y dejan descansar a la República de sus "sesudos" análisis de alquiler. No hay a la vista un Ciro, un Marín, un López Dóriga que con sus plumas al mejor postor pretendan pintar la realidad nacional a imagen y semejanza de como la quisieran sus patrones. Pienso, ingenuo de mi, que a lo mejor el domingo no sería tan mala idea usar Milenio para leer en vez de para limpiarme la cola, pero el gusto me dura poco.

Me topo con algo llamado "La Semana" de Román Revueltas Retes. Para empezar, desde la pura fotografía del columnista se que estoy frente a un auténtico y soberano mamonazo. Como los polos iguales se repelen, y si algo tengo es ser también mamón de nacimiento, ya de entrada el tal Revueltas me cayó mal. Pero me llama la atención que dedica su columna al alcalde de San Pedro Garza García, NL, el polémico Mauricio Fernández Garza, y su multipublicitado anuncio de realizar una "limpia" de criminales en el municipio más rico del país. Desde la primera frase del artículo, Román Revueltas defiende al deschavetado pseudo panista y sus bravatas de cantina, que a Revueltas deben caerle vaciadas, a juzgar por lo que dice acerca de tamaña ocurrencia de orate: "Mauricio Fernández no es un bárbaro". Seguramente que no lo es. Nada más es un multimillonario pendenciero que hace gala de dos cosas: de esa prepotencia que da el dinero para creerse con derecho a ponerse encima de la ley; y de una pendejez extrema que lo lleva a declararle la guerra de manera imprudente justo a los grupos criminales más conocidos por su violencia virulenta y su carencia de límites.

Pero a Revueltas no solamente le parece correcto el desafío que lanzó Fernández Garza, sino necesario: "El problema es que dice, bien alto y bien fuerte, lo que mucha gente apenas expresa en los ámbitos privados: hay que comenzar una degollina de criminales para acabar, de una buena vez, con el azote de la delincuencia". Ah, órale. Lo bueno de los intolerantes y fascistas es que solitos se echan de cabeza, así que ya sabemos a qué atenernos con ellos.

Claro, Revueltas intenta parecer políticamente correcto y concede que Fernández "naturalmente, es un funcionario público y, como tal, está obligado a respetar las leyes y los reglamentos de este país". Pero enseguida se descara: "pero no vivimos, por desgracia, tiempos normales: somos una sociedad amenazada, intimidada y ultrajada". Lo que seguramente le parece a Revueltas razón suficiente para implantar la ley de la selva y los escuadrones de la muerte. Acto seguido enumera una serie de vicios y carencias del sistema de justicia mexicano, siempre en el ánimo reivindicatorio de la barbarie y la violencia paramilitarizada, para terminar diciendo que el munícipe de Garza García "hubiera debido hacer las cosas y no anunciarlas". ¿Y este tipo tiene una columna en un diario de circulación nacional? Bueno, algún talento escondido (muy escondido) debe de tener, pues por algún mérito lo debe haber contratado Federico Arreola, de quien fue empleado cuando éste fue director de Milenio. En fin.

La conclusión es obvia: seguiré usando Milenio como sustituto de papel de baño. Sólo así vale la pena.